El
síntoma más característico es el ahogamiento, acompañado
por una sensación de tensión dolorosa en el pecho y una
dificultad respiratoria, cuya intensidad es variable.
En
los casos graves el esfuerzo que debe hacer el paciente
para respirar puede provocar sudoración, un incremento
en el ritmo cardíaco y una fuerte ansiedad. Cuando aumenta
el ahogamiento la respiración se hace cada vez más leve
y rápida, y se perciben con claridad los silbidos característicos
de la respiración asmática.
En
los casos muy graves se produce una cianosis, es decir,
que la cara y los labios adquieren una coloración azulada,
debido a la diminución del suministro de oxígeno al torrente
sanguíneo.También puede ocurrir que la piel se vuelva
muy pálida y aparezca una sudoración intensa y viscosa.
Los ataques de asma pueden durar desde unos minutos hasta
varias horas, pero en cuanto se inician siempre se produce
una acumulación de secreción en los pulmones, que en muchos
casos provoca tos.
Por
lo general, la expectoración de abundantes secreciones
en la fase terminal de las crisis suelen proporcionar
a los pacientes una sensible mejoría respiratoria.

SÍNTOMAS
El
síntoma más característico es el
ahogamiento, acompañado por una sensación
de tensión dolorosa en el pecho y una dificultad
respiratoria, cuya intensidad es variable.
En
los casos graves el esfuerzo que debe hacer el paciente
para respirar puede provocar sudoración, un incremento
en el ritmo cardíaco y una fuerte ansiedad. Cuando
aumenta el ahogamiento la respiración se hace cada
vez más leve y rápida, y se perciben con
claridad los silbidos característicos de la respiración
asmática.
En
los casos muy graves se produce una cianosis, es decir,
que la cara y los labios adquieren una coloración
azulada, debido a la diminución del suministro
de oxígeno al torrente sanguíneo.También
puede ocurrir que la piel se vuelva muy pálida
y aparezca una sudoración intensa y viscosa. Los
ataques de asma pueden durar desde unos minutos hasta
varias horas, pero en cuanto se inician siempre se produce
una acumulación de secreción en los pulmones,
que en muchos casos provoca tos.
Por
lo general, la expectoración de abundantes secreciones
en la fase terminal de las crisis suelen proporcionar
a los pacientes una sensible mejoría respiratoria.
TRATAMIENTOS
Y RECOMENDACIONES
Existen
medicamentos profilácticos que, administrados con
regularidad, pueden impedir los ataques. Los hay en forma
de píldoras, líquidos o inhaladores. Los
profilácticos se inhalan tres o cuatro veces por
día. Estos fármacos actúan solo sobre
los pulmones, de forma directa, por lo que no presentan
los efectos secundarios generales propios de las tabletas
o de las inyecciones.
Los
broncodilatadores son adecuados para aquellos enfermos
que tan sólo padecen ataques leves y ocasionales,
y se deben administrar cuando el ataque o la crisis asmática
ya se ha iniciado.
En
las crisis graves se suele inyectar aminofilina y cortisona,
cuya acción es rápida y eficaz, aunque sus
efectos secundarios también son considerables.
De
todas maneras, es recomendable que ante un ataque agudo
el enfermo ingrese en un hospital, donde puede ser sometido
a diversos tratamientos, como nebulizaciones, inyecciones
relajantes de la musculatura bronquial y el uso de un
respirador artificial.
Dr. Gustavo Castillo R. Ced. Prof. 1256736
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