Es
la distensión permanente de una arteria, provocada
por una debilidad de sus paredes, que ocurre generalmente
en el encéfalo y la aorta, sin descartar otros
grandes vasos.
Esta
zona distendida de la arteria puede originar una hemorragia
y una falta de irrigación a los tejidos que se
encuentren más allá de la lesión.
En ocasiones, el aneurisma se hincha tanto que ejerce
presión sobre órganos, nervios u otros vasos
sanguíneos cercanos, dañándolos.
¿Cómo
se contrae?
Puede
deberse a defectos congénitos en la capa muscular
de la arteria que, al ser sometida a presión sanguínea,
da lugar a un globo (aneurisma saculado). Este tipo de
aneurismas suele presentarse en las arterias del encéfalo.
En
otros casos, la capa muscular se va degenerando progresivamente
por aterosclerosis y se agrava por hipertensión
arterial. Generalmente los aneurismas formados por esta
causa presentan forma de huso y se extienden en un pequeño
recorrido de la arteria. La elevada presión arterial
puede provocar la separación de las capas de la
arteria, haciendo que la sangre circule entre ellas y
generando así un aneurisma disecante.

SÍNTOMAS
Dependen
del tipo, tamaño y la ubicación. Los situados
en la base del encéfalo son sintomáticos
y sólo provocan síntomas cuando revientan,
que puede variar según la ubicación desde
dolor de cabeza intenso y repentino, problemas en la visión
e incluso pérdida de la consciencia. Un aneurisma
en la aorta torácica provoca dolor en la zona,
ronquera, dificultades para tragar y tos.
Un
aneurisma disecante en la misma zona se manifiesta con
un dolor muy fuerte que puede confundirse con un infarto.
Si el aneurisma está localizado en la aorta abdominal,
puede presentar dolor abdominal y hasta podría
llegar a notarse un bulto de naturaleza pulsátil.
Si por su ubicación ejerce presión sobre
los huesos de la columna, puede provocar fuertes dolores
en la espalda. El mayor riesgo de los aneurismas es que
originen una hemorragia que colapse el sistema circulatorio,
como ocurriría en el caso del estallido de un aneurisma
aórtico, que suele ser mortal.
TRATAMIENTOS
Y RECOMENDACIONES
Los
aneurismas de la aorta abdominal pueden detectarse por
ecografías o radiografías y, según
la profundidad de su localización, pueden evidenciarse
como una masa pulsátil. Con técnicas de
diagnóstico por imágenes se pueden detectar
aneurismas en la aorta torácica (en especial mediante
un procedimiento llamado aortografía, en el que
se inyecta un material de contraste que permite ubicar
el contorno del aneurisma).
Una
vez ubicado el aneurisma, el procedimiento habitual es
la cirugía y consiste principalmente en pinzarlo
en su base teniendo como principal objetivo prevenir la
hemorragia. En algunos aneurismas cerebrales puede introducirse
una sustancia coagulante mediante un catéter para
detener la hemorragia. Los aneurismas abdominales constituyen
un problema menos grave que los torácicos, y solamente
se operan si son muy grandes o si están creciendo.
También se manejan fármacos para prevenir
la recurrencia de hemorragias, con los antifibrinoliticos.
Dr. Gustavo Castillo R. Ced. Prof. 1256736
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