
NOVEDADES
EN LA RELACIÓN COLESTEROL-DIABETES
Entorno Médico, 20 de noviembre de 2001.
Las enfermedades cardiovasculares fueron en el siglo XX un verdadero
flagelo para la humanidad por sus consecuencias a nivel individual,
social y hasta económico. En este nuevo siglo las perspectivas
en este sentido no parecen ser mejores, particularmente para el paciente
diabético.
Dado el papel protagónico central que ejerce el colesterol sanguíneo,
resulta conveniente conocer los nuevos lineamientos del Panel de Expertos
para la Detección, Evaluación y Tratamiento de la Hipercolesterolemia
en Adultos, del National Colesterol Education Program -NCEP- de los
E.U. Las conclusiones de la labor de los expertos que integraron el
Panel resultan particularmente útiles para el paciente diabético,
debido a que esta afección constituye una de los factores de
alto riesgo de padecer enfermedades coronarias.
De acuerdo a pautas consensuadas con la Asociación Americana
de Diabetes se recomienda que los diabéticos que registran valores
-saludables- de colesterol, se efectuen controles cada 2 años.
En el caso en que las cifras estén por encima de los niveles
establecidos, el perfil lipídico -colesterol total, colesterol-HDL,
colesterol-LDL y triglicéridos- debería determinarse con
periodicidad anual.
En las pautas fijadas por el NCEP, los valores óptimos de colesterol-LDL
-colesterol malo- se ubican por debajo de los 100 mg/dl y se estiman
como cifras de alto riesgo a aquellas que superan los 160 mg/dl. En
el caso del colesterol-HDL -colesterol bueno-, las cifras consideradas
bajas -circunstancias no deseables- son las menores de 40 mg/dl.
Por su parte, la ADA fija como valores indicativos de elevado riesgo
cardiovascular los niveles de colesterol-LDL superiores a los 130 mg/dl,
a la vez que recomienda que las concentraciones de colesterol-HDL no
debieran ser inferiores a los 55 mg/dl en las mujeres y a los 55 mg/dl
en los hombres.
Como puede observarse, existe una cierta discrepancia en los valores
establecidos por ambos grupos de expertos estadounidenses. Por lo tanto,
deje en manos de su médico la adopción de uno u otro criterio,
que él fundamentará en otros aspectos vinculados a su
estado general, en sus antecedentes médicos y en la propia experiencia
del profesional.
La diabetes y la hipercolesterolemia
Los diabéticos en general son considerados como poseedores de
un riesgo coronario mayor al de la poblacíón general no
diabética. En esto influyen múltiples causas entre las
que se destaca la mayor tendencia a los desequilibrios lipídicos,
una mayor propensión a la formación de coágulos
y trombos arteriales y una asociación más frecuente con
otros factores de riesgo -obesidad, hipertensión arterial, etc-.
Por lo tanto, los integrantes del NCEP proponen que el tratamiento
de la hipercolesterolemia -aumento del colesterol sanguíneo-
en diabéticos, aun sin antecedentes de padecimientos coronarios,
debe revestir características similares al de un paciente coronario
no diabético.
La determinación del perfil lipídico en la diabetes no
es un aspecto menor dentro de las medidas preventivas de las complicaciones
crónicas de la enfermedad. Por ello, no descuide los controles
médicos periódicos, que constituyen una excelente oportunidad
para atender estas cuestiones.
Fuentes: Consenso de Prevención Primaria y Secundaria de las
Enfermedades Coronarias. Sociedad Argentina de Cardiología, 2001
American Diabetes Association. Position Statement. Mangement of Dyslipidemia
en Adults with Diabetes, 2000